El acompañamiento hospitalario en Santander puede marcar una diferencia importante en el día a día de una persona durante un ingreso, especialmente cuando necesita ayuda para desenvolverse, se encuentra sola durante parte de la jornada o su familia no puede permanecer a su lado todo el tiempo. La hospitalización altera las rutinas habituales y puede generar preocupación tanto en el paciente como en sus familiares. En este contexto, contar con el apoyo de A Domicilio Cantabria permite organizar una atención personalizada orientada a proporcionar compañía, apoyo en las actividades cotidianas y tranquilidad a la familia, siempre respetando las indicaciones del centro hospitalario y diferenciando claramente estas funciones de las que corresponden al personal sanitario.

Qué supone un ingreso hospitalario para el paciente
Ingresar en un hospital supone abandonar temporalmente el entorno habitual para pasar a un espacio en el que existen horarios, normas y rutinas diferentes. Aunque cada hospitalización responde a circunstancias concretas, es frecuente que la persona tenga que adaptarse a una habitación distinta, a la presencia de profesionales sanitarios, a cambios en sus horarios de descanso y alimentación y, en algunos casos, a una reducción temporal de su autonomía. Para una persona mayor o dependiente, estas modificaciones pueden resultar especialmente difíciles. Incluso cuando el estado de salud permite una evolución favorable, el simple hecho de encontrarse fuera de casa puede generar inseguridad o sensación de vulnerabilidad. La compañía de una persona de confianza puede ayudar a mantener cierta continuidad en las rutinas y a reducir la sensación de aislamiento. El acompañante también puede prestar apoyo en cuestiones cotidianas que no requieren intervención sanitaria, siempre dentro de las normas del hospital y de las indicaciones establecidas por los profesionales responsables del paciente.
La necesidad de compañía tampoco debe interpretarse únicamente desde una perspectiva física. Durante una hospitalización, el paciente puede preocuparse por su evolución, por su familia, por su trabajo o por lo que ocurrirá después del alta. Estas preocupaciones pueden aparecer incluso cuando la atención médica está desarrollándose con normalidad. Poder conversar, sentirse escuchado o simplemente saber que hay alguien disponible puede proporcionar una sensación de cercanía especialmente valiosa. Sin embargo, cada persona afronta el ingreso de una manera diferente. Algunas personas desean mantener conversaciones frecuentes, mientras que otras prefieren descansar y disponer de momentos de tranquilidad. Por ello, acompañar bien no significa permanecer constantemente hablando o realizando actividades, sino observar las necesidades de la persona, respetar sus preferencias y adaptar la presencia a cada momento.
Por qué la familia no siempre puede estar presente
En muchas familias existe una voluntad clara de acompañar al paciente durante todo el ingreso, pero las circunstancias personales hacen que esa presencia continuada no siempre sea posible. Las obligaciones laborales, la distancia hasta el hospital, el cuidado de hijos u otros familiares, los horarios variables y el propio cansancio pueden dificultar una atención constante. Cuando el ingreso se prolonga, esta situación puede hacerse todavía más complicada. Intentar cubrir todos los turnos exclusivamente entre familiares puede provocar agotamiento y generar una distribución desigual de las responsabilidades. Además, cuando una persona asume muchas horas de cuidado sin descanso, puede resultarle difícil mantener su propia rutina y atender adecuadamente otras obligaciones. Recurrir a apoyo profesional no implica que la familia deje de estar implicada. Puede servir para complementar su presencia y permitir que los familiares organicen mejor sus tiempos, descansen y puedan centrarse en acompañar al paciente desde una perspectiva emocional.
La organización previa puede ayudar a evitar muchas de estas dificultades. Antes o al comienzo del ingreso, la familia puede valorar qué momentos del día presentan mayores problemas para garantizar compañía y qué necesidades concretas tiene el paciente. No requiere la misma atención una persona autónoma que desea compañía durante algunas horas que otra que presenta dependencia y necesita supervisión o ayuda en determinadas actividades. También es importante tener en cuenta que las necesidades pueden cambiar durante la hospitalización. Una persona puede comenzar necesitando únicamente compañía y posteriormente requerir más apoyo debido al cansancio o a una limitación temporal de movilidad. Por ello, conviene plantear el acompañamiento como un servicio flexible, capaz de adaptarse a la evolución de las circunstancias sin perder de vista que las decisiones clínicas corresponden siempre al equipo sanitario.

Qué puede hacer un acompañante durante el ingreso
Las funciones de un acompañante hospitalario dependen de las necesidades del paciente y de las condiciones concretas del centro. Una de las tareas principales es permanecer junto a la persona durante los periodos acordados, proporcionando una presencia cercana y respetuosa. También puede ayudar en determinadas actividades cotidianas que sean apropiadas y estén permitidas, colaborar en pequeños desplazamientos autorizados, facilitar la comunicación con familiares o prestar apoyo para mantener algunas rutinas personales. En pacientes que necesitan supervisión, la presencia continuada puede contribuir a que no tengan que afrontar solos determinadas situaciones de su vida diaria. Todo ello debe realizarse respetando las instrucciones del personal sanitario y sin asumir tareas que correspondan a profesionales de enfermería, medicina u otras especialidades. El acompañamiento tiene una función de apoyo y compañía, no de sustitución de la atención sanitaria.
Compañía y apoyo emocional
La dimensión emocional del acompañamiento merece una atención especial. Una persona hospitalizada puede sentirse preocupada, sola o insegura, especialmente si su ingreso se produce de forma inesperada. Tener cerca a alguien con quien conversar puede ayudar a mantener una sensación de normalidad dentro de una situación que ha alterado completamente la rutina. El acompañante puede escuchar, conversar sobre temas cotidianos, facilitar el contacto con familiares o simplemente permanecer cerca cuando el paciente prefiera descansar. No es necesario convertir la conversación en una búsqueda constante de optimismo ni minimizar las preocupaciones de la persona. Escuchar con atención y respetar cómo se siente suele ser más adecuado. También es importante saber identificar cuándo el paciente necesita comunicar una cuestión al personal sanitario. Si manifiesta dolor, malestar, cambios inesperados o cualquier otra preocupación relacionada con su estado de salud, el acompañante debe trasladarla al equipo correspondiente, en lugar de intentar interpretarla o buscar una solución por iniciativa propia.
Acompañamiento hospitalario en Santander: la importancia de respetar la autonomía del paciente
Ayudar a una persona ingresada no significa realizar todas las tareas por ella. Cuando conserva capacidad para hacer determinadas actividades, permitir que continúe participando puede contribuir a mantener su autonomía y su sensación de control. La ayuda debe adaptarse a lo que realmente necesita. Por ejemplo, una persona que puede desplazarse con seguridad siguiendo las indicaciones sanitarias quizá solo precise supervisión o compañía, mientras que otra con mayores dificultades puede necesitar asistencia más cercana. Esta diferencia debe tenerse en cuenta para evitar tanto la falta de apoyo como una intervención excesiva. Respetar la autonomía también significa preguntar antes de ayudar, tener en cuenta las preferencias personales y cuidar aspectos relacionados con la intimidad. Las decisiones sanitarias tienen además sus propios procedimientos y deben ser tomadas por los profesionales responsables, de acuerdo con la situación clínica y con los derechos del paciente.
El respeto a la intimidad adquiere una relevancia especial en un entorno hospitalario. El paciente puede encontrarse en una situación en la que depende de otras personas para actividades que normalmente realiza de manera privada. El acompañante debe actuar siempre con discreción y evitar conversaciones o actuaciones que puedan hacerle sentirse incómodo. También debe respetar los momentos en los que el personal sanitario necesita acceder a la habitación o realizar determinadas actuaciones. La presencia de un cuidador no debe interferir en la asistencia ni en el descanso del resto de pacientes. Mantener una actitud prudente y conocer las normas del centro facilita la convivencia y permite que el acompañamiento se integre adecuadamente en la dinámica hospitalaria.
Acompañamiento y movilidad durante la hospitalización
Las dificultades para caminar o cambiar de posición pueden aparecer durante un ingreso incluso en personas que anteriormente tenían una autonomía elevada. El cansancio, una intervención, una lesión o determinadas circunstancias de salud pueden reducir temporalmente la capacidad de movimiento. En estos casos, la ayuda debe realizarse con especial prudencia. No todos los pacientes pueden levantarse o caminar de la misma manera, y determinadas situaciones requieren instrucciones específicas del personal sanitario. El acompañante puede ofrecer presencia y supervisión cuando el desplazamiento esté autorizado, pero no debe realizar maniobras para las que no tenga preparación o que contradigan las indicaciones recibidas. Si el paciente presenta una dificultad nueva o manifiesta síntomas durante un desplazamiento, lo adecuado es avisar al personal correspondiente. La seguridad debe prevalecer siempre sobre el deseo de mantener una determinada rutina.
El acompañamiento hospitalario en Santander puede ser especialmente útil para familias que necesitan garantizar que una persona no permanezca sola durante determinadas horas, siempre que las características del ingreso y las normas del hospital permitan la presencia de un acompañante externo. Esta ayuda puede organizarse en función de los horarios familiares y de las necesidades del paciente. La atención puede tener un carácter puntual o prolongarse durante diferentes momentos de la estancia. Lo importante es definir previamente qué tipo de apoyo se necesita y qué actividades puede realizar el cuidador. Una buena planificación evita expectativas poco realistas y facilita que el acompañamiento se desarrolle de forma ordenada. Además, permite que los familiares conozcan quién estará con el paciente y durante qué periodos, reduciendo la incertidumbre que suele aparecer cuando deben coordinarse varios miembros de una familia.

Cómo organizar los turnos de acompañamiento
Cuando varias personas participan en el cuidado, es conveniente establecer una organización sencilla. Los familiares pueden acordar quién se ocupará de determinadas comunicaciones, quién acudirá al hospital cuando sea posible y en qué momentos será necesario recurrir a apoyo externo. Esta distribución puede cambiar conforme evolucione el ingreso. Un paciente que inicialmente necesita compañía constante puede recuperar autonomía y requerir menos apoyo, mientras que una estancia más larga puede producir un aumento del cansancio o de las necesidades cotidianas. Mantener cierta flexibilidad evita que la familia tenga que reorganizarse por completo cada vez que surge un cambio. También es aconsejable centralizar la información familiar para evitar mensajes contradictorios y respetar los canales establecidos por el hospital para comunicar información clínica.
Una persona puede asumir el papel de interlocutor principal con la familia, mientras otras colaboran en aspectos prácticos. Esta organización resulta especialmente útil cuando el paciente tiene varios familiares cercanos que desean estar informados. El acompañante profesional puede transmitir cuestiones relacionadas con las necesidades cotidianas o con el desarrollo del acompañamiento, pero la información médica debe proceder del equipo sanitario y respetar las condiciones de privacidad del paciente. Mantener esta separación ayuda a evitar interpretaciones incorrectas. También protege al propio cuidador, que no debe asumir responsabilidades clínicas. Una buena coordinación consiste en saber qué información corresponde a cada persona y utilizar los canales adecuados para cada cuestión.
Acompañamiento hospitalario en Santander: qué beneficios puede aportar el apoyo a las familias
Una de las principales ventajas de contar con apoyo durante una hospitalización es que permite distribuir mejor las responsabilidades. La familia puede seguir acompañando al paciente en momentos importantes sin tener que asumir todas las horas de presencia. Esto resulta especialmente relevante cuando el ingreso coincide con jornadas laborales, obligaciones familiares o desplazamientos largos. Disponer de una persona que pueda permanecer junto al paciente durante determinados periodos también puede facilitar que los familiares descansen. El descanso no debería considerarse una falta de implicación, sino una parte necesaria para poder mantener una atención sostenible cuando el proceso se prolonga. Una familia agotada puede tener mayores dificultades para organizarse y afrontar las diferentes circunstancias que aparecen durante un ingreso. Contar con apoyo permite repartir esfuerzos y conservar una mayor estabilidad durante el proceso.
La tranquilidad familiar también puede estar relacionada con saber que el paciente dispone de compañía cuando los familiares no pueden acudir. Esta seguridad tiene un componente práctico y otro emocional. Por un lado, existe la certeza de que alguien está disponible para acompañar y prestar apoyo en las actividades que correspondan. Por otro, la familia puede sentir que el paciente no se encuentra solo durante todas aquellas horas en las que ellos no pueden estar presentes. El objetivo no es eliminar las preocupaciones propias de una hospitalización, algo que no sería realista, sino facilitar la organización cotidiana y reducir una parte de la carga que puede asumir la familia. Una atención profesional bien delimitada permite además que cada miembro de la familia mantenga sus responsabilidades sin desvincularse del proceso del paciente.
El acompañamiento en personas mayores
Las personas mayores pueden presentar necesidades específicas durante un ingreso hospitalario. Algunas mantienen una autonomía elevada y únicamente necesitan compañía, mientras que otras tienen dificultades de movilidad, dependencia o necesidades de supervisión. También puede resultar difícil para determinadas personas adaptarse a un entorno diferente al habitual, especialmente cuando el ingreso se prolonga. En estos casos, mantener referencias conocidas, hablar con calma y respetar sus rutinas dentro de lo posible puede ayudar a que la estancia sea más llevadera. El acompañante debe prestar atención a las indicaciones del personal sanitario y comunicar cualquier cambio observado que pueda ser relevante para el equipo. No corresponde al cuidador establecer diagnósticos ni valorar clínicamente esos cambios. Su función consiste en acompañar y prestar apoyo dentro del ámbito acordado, manteniendo una comunicación adecuada con los profesionales cuando sea necesario.
También es importante evitar infantilizar a una persona mayor por el simple hecho de necesitar ayuda. La edad no determina por sí sola el nivel de dependencia. Cada persona conserva unas capacidades diferentes y debe recibir una atención ajustada a ellas. Preguntar qué necesita, facilitar que participe en aquello que puede realizar y respetar sus decisiones cotidianas son aspectos esenciales. La familia puede aportar información útil sobre sus costumbres y preferencias, especialmente cuando el paciente tiene dificultades para comunicarlas. El acompañante puede utilizar esa información para favorecer una atención más personalizada, siempre que sea compatible con las normas del hospital y con las indicaciones sanitarias.
Acompañamiento durante ingresos después de una intervención
Después de una intervención quirúrgica o de determinados procedimientos, una persona puede experimentar cansancio o limitaciones temporales. El periodo posterior puede requerir una atención especial en lo relacionado con el descanso, los desplazamientos y determinadas actividades cotidianas. El acompañante puede permanecer cerca y facilitar apoyo en aquello que esté permitido, pero debe respetar estrictamente las indicaciones del equipo sanitario. No debe adelantar ejercicios, movilizaciones o actividades que no hayan sido autorizadas. Tampoco debe modificar horarios de medicación ni administrar tratamientos por iniciativa propia. Cuando existe cualquier duda sobre una actividad, la referencia debe ser siempre el profesional responsable. Esta forma de actuar garantiza que el acompañamiento complemente la asistencia hospitalaria sin interferir en ella.
Durante las primeras horas posteriores a una intervención, la presencia de una persona de confianza puede ser especialmente reconfortante. Sin embargo, las necesidades varían mucho entre pacientes y procedimientos. Algunas personas prefieren dormir y descansar, mientras que otras desean compañía y conversación. La atención debe adaptarse a ese ritmo. Una presencia adecuada no consiste en mantener al paciente activo de forma constante, sino en estar disponible cuando necesita apoyo. También puede ser útil facilitar llamadas con familiares que no puedan acudir o ayudar a mantener pequeñas rutinas compatibles con el ingreso. Estas actuaciones sencillas pueden contribuir a que el paciente conserve una sensación de conexión con su vida cotidiana mientras permanece en el hospital.

Acompañamiento en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla
Cuando una persona permanece ingresada en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, las necesidades de acompañamiento dependerán de su situación, de la unidad en la que se encuentre y de las normas aplicables en cada momento. El funcionamiento de un hospital puede variar según las circunstancias asistenciales, por lo que cualquier servicio de acompañamiento debe adaptarse a las instrucciones del centro. La familia puede valorar qué momentos necesita cubrir y qué tipo de apoyo requiere el paciente. En personas mayores o dependientes, puede ser especialmente útil contar con una presencia estable durante aquellas horas en las que los familiares no pueden permanecer. El cuidador debe respetar siempre las normas del hospital y coordinar su actuación con el personal correspondiente, especialmente cuando se trata de movilidad, descanso o cualquier actividad relacionada con la situación clínica.
Acompañamiento en el Hospital Santa Clotilde
El Hospital Santa Clotilde, situado en Santander, es otro de los centros en los que una familia puede plantearse la necesidad de disponer de apoyo durante un ingreso. La situación concreta del paciente determinará qué tipo de acompañamiento resulta adecuado. En algunos casos será suficiente con compañía durante determinadas horas, mientras que en otros puede ser necesario prestar apoyo cotidiano durante una parte más amplia de la jornada. La planificación debe tener en cuenta tanto las necesidades de la persona como las condiciones establecidas por el centro hospitalario. El acompañante no sustituye al equipo sanitario y debe respetar las indicaciones que reciba. Su función consiste en proporcionar presencia, apoyo y atención a las necesidades cotidianas que entren dentro del servicio acordado.
Acompañamiento en el Hospital Mompía de Santa Cruz de Bezana
Las familias de Cantabria también pueden necesitar organizar apoyo para personas ingresadas en el Hospital Mompía de Santa Cruz de Bezana. Cuando el paciente no puede contar con un familiar durante toda la jornada, disponer de acompañamiento puede facilitar la organización familiar y proporcionar compañía durante las horas acordadas. La planificación debe realizarse teniendo en cuenta el estado de la persona, su nivel de autonomía y las normas del centro. En cualquier hospitalización, la coordinación con el equipo sanitario es fundamental. El cuidador puede colaborar en aspectos cotidianos y acompañar al paciente, pero las cuestiones relacionadas con tratamientos, procedimientos, medicación y evolución clínica deben ser atendidas por los profesionales sanitarios responsables.
Cómo elegir un servicio de acompañamiento hospitalario
Antes de contratar un servicio de acompañamiento, conviene definir claramente qué necesita el paciente. La familia puede valorar cuánto tiempo permanecerá sola la persona, si necesita ayuda para desplazarse, si requiere supervisión y qué actividades desea mantener durante el ingreso. También es importante indicar cualquier circunstancia relevante para organizar correctamente el servicio. Una comunicación clara desde el principio permite establecer expectativas realistas. El profesional que acompañe debe comprender que está entrando temporalmente en un entorno delicado y que debe actuar con respeto, discreción y responsabilidad. La puntualidad también adquiere importancia cuando existen turnos familiares, ya que una ausencia inesperada puede alterar toda la organización del día. Una atención personalizada debería adaptarse a la situación concreta en lugar de ofrecer un modelo idéntico para todos los pacientes.
El acompañamiento hospitalario en Santander puede plantearse como una ayuda puntual o como un apoyo más continuado, dependiendo de las necesidades de cada familia. Antes de iniciar el servicio es conveniente concretar horarios, funciones y límites de actuación. También debe quedar claro cómo se comunicarán las cuestiones relevantes y qué situaciones deberán trasladarse directamente al personal sanitario. Esta claridad beneficia tanto al paciente como a la familia y al propio cuidador. La confianza se construye mediante una atención responsable y coherente, no mediante promesas sobre resultados clínicos. El objetivo es proporcionar una presencia profesional que facilite el día a día del paciente y ayude a que la familia pueda organizar sus responsabilidades sin tener que asumir en solitario todas las horas de acompañamiento.
Qué tener en cuenta durante un ingreso prolongado
Cuando la hospitalización dura varias semanas, el cansancio puede acumularse tanto en el paciente como en sus familiares. Las primeras jornadas suelen estar marcadas por la preocupación y la necesidad de adaptarse a la situación. Con el paso del tiempo aparecen cuestiones relacionadas con la rutina, la movilidad, las visitas y la organización de la vida familiar. En estos casos, disponer de un sistema de acompañamiento estable puede facilitar la continuidad. También es recomendable revisar periódicamente si las necesidades han cambiado. La persona puede recuperar parte de su autonomía o, por el contrario, necesitar más apoyo. Una atención flexible permite modificar los horarios o las características del servicio cuando las circunstancias lo requieren. La finalidad debe seguir siendo la misma: proporcionar el apoyo necesario sin limitar las capacidades que el paciente conserva y sin interferir en la atención sanitaria.
Durante una estancia prolongada también es importante cuidar la comunicación entre el paciente y sus familiares. El acompañante puede facilitar el contacto mediante llamadas o videollamadas cuando el paciente lo desee y las circunstancias del hospital lo permitan. Mantener ese vínculo puede ayudar a que la persona siga conectada con su entorno habitual. Al mismo tiempo, el acompañante debe respetar los periodos de descanso y las normas del centro. Una hospitalización no debe convertirse en una sucesión constante de conversaciones y visitas si el paciente necesita tranquilidad. La atención personalizada consiste también en saber cuándo reducir los estímulos y permitir que la persona descanse. La calidad del acompañamiento depende en gran medida de esa capacidad de adaptación.
El regreso a casa después del alta
El alta hospitalaria representa un cambio importante, pero no siempre implica que la persona pueda retomar inmediatamente su nivel de autonomía anterior. Algunas personas necesitan unos días o semanas de adaptación en casa y pueden requerir apoyo para determinadas tareas. Por este motivo, la familia puede empezar a organizar con antelación cómo será la vuelta al domicilio. Conviene tener en cuenta las indicaciones recibidas, las limitaciones temporales y las actividades que el paciente podrá realizar por sí mismo. El apoyo profesional puede continuar en el domicilio mediante acompañamiento, ayuda en tareas domésticas básicas, compras, asistencia en gestiones o supervisión, según las necesidades y dentro de las funciones correspondientes. Una transición planificada permite reducir improvisaciones y facilita que la familia pueda responder a las nuevas circunstancias sin asumir toda la carga de forma repentina.

Una atención centrada en la persona y en su familia
El valor del acompañamiento durante un ingreso no se encuentra únicamente en cubrir unas determinadas horas. También está relacionado con la manera en la que se presta ese apoyo. Cada persona tiene sus propios hábitos, preferencias, preocupaciones y capacidades, y estos elementos deben tenerse en cuenta. Un buen acompañamiento requiere escuchar, observar y adaptarse. También requiere conocer los límites del servicio y respetar las funciones del personal sanitario. La familia, por su parte, necesita poder confiar en que el paciente recibe un trato digno y que sus necesidades cotidianas son atendidas durante las horas acordadas. Cuando estos elementos se combinan, el acompañamiento puede convertirse en un apoyo útil para afrontar una hospitalización con mayor organización.
Para una familia, saber que existe una persona disponible para acompañar al paciente puede facilitar muchas decisiones prácticas. Permite organizar los horarios laborales, atender a otros familiares y disponer de momentos de descanso sin dejar desatendida a la persona ingresada. Para el paciente, la presencia de un acompañante puede significar contar con alguien cercano durante actividades cotidianas y momentos en los que sus familiares no pueden acudir. El servicio debe plantearse siempre desde la realidad concreta de cada caso y sin atribuirle funciones médicas que no corresponden. La atención sanitaria y el acompañamiento pueden complementarse cuando cada uno mantiene claramente definido su papel.
Una forma organizada de afrontar el ingreso
El ingreso hospitalario puede generar incertidumbre, pero una organización adecuada ayuda a gestionar mejor las necesidades que aparecen durante la estancia. Identificar las horas en las que el paciente necesita compañía, distribuir las responsabilidades familiares y recurrir a apoyo profesional cuando sea necesario son medidas que pueden facilitar el proceso. El acompañamiento debe ser respetuoso con la autonomía, la intimidad y las indicaciones sanitarias, y debe adaptarse a la evolución de la persona. Cuando se trabaja de esta manera, la familia puede mantener su implicación sin tener que asumir necesariamente todas las horas de presencia. El paciente, por su parte, dispone de una figura de apoyo durante aquellos momentos en los que necesita compañía o ayuda en actividades cotidianas. En Santander, esta opción puede ser especialmente útil para familias que necesitan combinar las responsabilidades del cuidado con su vida laboral y personal.
En definitiva, el acompañamiento hospitalario en Santander debe entenderse como un apoyo personalizado que busca hacer más llevadera la estancia hospitalaria para el paciente y facilitar la organización de sus familiares. No sustituye la atención médica ni las funciones del personal sanitario, sino que complementa el cuidado cotidiano mediante compañía, supervisión y ayuda en aquellas actividades que correspondan. La clave está en adaptar el servicio a las necesidades reales de cada persona, respetar sus capacidades y preferencias y mantener una comunicación adecuada con la familia y con el entorno hospitalario. De esta manera, una situación que puede resultar exigente para todos puede afrontarse con una planificación más ordenada, permitiendo que los familiares continúen cerca del paciente sin tener que asumir por sí solos todas las responsabilidades derivadas del ingreso.
